UAM Unidad Cuajimalpa — Cátedra M. A. Granados Chapa
Honoris Causa de la UAM

La huella de una gran periodista

Introducción
Justificación

INTRODUCCIÓN

El 14 de octubre de 2011 falleció el maestro Miguel Ángel Granados Chapa, quien indiscutiblemente fue el mejor y más influyente columnista político de nuestro país durante las tres últimas décadas.

El autor de “Plaza Pública” deja una huella indeleble en la prensa, la academia y las letras mexicanas. Su nombre puede sumarse ya a esa breve lista de figuras cuya búsqueda libertaria ha ensanchado las avenidas democráticas, como lo fueron Joaquín Fernández de Lizardi, Francisco Zarco, Ricardo Flores Magón, e incluso Francisco Martínez de la Vega y Manuel Buendía. Fue un apasionado del periodismo: lo vivió, lo recreó, lo disfrutó, lo padeció, lo criticó, lo renovó y lo proyectó durante más de 45 años para entregárselo a sus lectores y radioescuchas.

Por esos motivos, el 9 de abril de 2009, la Universidad Autónoma Metropolitana entregó el Doctorado Honoris Causa a este insigne periodista e intelectual y pocas semanas después de su deceso la comunidad académica de la Unidad Cuajimalpa tuvo a bien proponer y aprobar la creación de la cátedra Miguel Ángel Granados Chapa cuyos objetivos medulares se exponen en el presente documento.

JUSTIFICACIÓN

Desde esta perspectiva es oportuno subrayar los valores de un distinguido profesional del periodismo y de la comunicación política a quien la Universidad Autónoma Metropolitana reconoce y cuyo legado intelectual pretende rescatar y proyectar a fin de compartirlo entre las nuevas generaciones universitarias y del ámbito vinculado a la comunicación social en general.

Miguel Ángel Granados Chapa ejerció a profundidad y con plena conciencia de la responsabilidad que corresponde a los comunicadores, diversas tareas como informador, comunicador, académico, analista político y jurista, por cerca de cincuenta años.

Fue responsable de diversos medios informativos y de comunicación y en ellos siempre desarrolló su clara orientación de servicio para la ciudadanía. Alimentaba la conciencia ciudadana responsable frente a los deberes y derechos, para que los primeros se cumplieran debidamente y los segundos se garantizaran, protegieran y defendieran contra quien intentara violentarlos, especialmente cuando los presuntos violadores fueran los poderosos.

La defensa de los derechos humanos, con una amplitud como la que señala el renovado artículo primero de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, fue la guía fundamental de sus artículos y mensajes, difundidos en los medios masivos de información impresos y audiovisuales. Su pluma y su discurso mostraron cotidianamente su inclinación a denunciar los ataques e injusticias cometidas contra los individuos y los grupos más débiles de la sociedad. Su tarea como informador y comunicador siempre contextualizó histórica y jurídicamente sus argumentos y mensajes.

Cuando cometió errores informativos ofreció disculpas públicas y procedió a corregirlos.

La vida ejemplar de Granados Chapa como comunicador público, responsable y honrado a carta cabal, inspiró la creación de la cátedra que lleva su nombre y que busca animar en la vida cotidiana los valores que él sostuvo y defendió con razonamiento, valor y lucidez, y proyectarlos para beneficio de una sociedad más justa y equilibrada.

Miguel Ángel Granados Chapa conjugó las dotes de periodista, historiador, maestro, intelectual, así como estudioso y protagonista de los medios de comunicación mexicanos. Él significó un puente entre la vida académica y el ámbito periodístico, pero ante todo fue un precursor del análisis político sobre los medios de comunicación en México, que en los años sesenta y setenta brillaba por su ausencia. Capitalizó para ello su acendrada vocación periodística, sus conocimientos jurídicos, su pasión por la historia y su permanente estudio científico de la comunicación masiva.

Como columnista, tres factores distinguieron a Miguel Ángel Granados Chapa que ofrecía lecciones cotidianas de periodismo: a) un diáfano, vigoroso e inclusive elegante manejo del estilo; b) el rigor de su análisis del entramado político; y c) la congruencia ética-profesional, cualidad de la que muy pocos pueden jactarse.

El autor de “Plaza Pública” fue quizás el primer columnista forjado desde la academia que empezó a incrustar, de manera regular, el análisis y crítica a los medios masivos de comunicación. Desde principios de los setenta advirtió que se requerían más estudios de campo, análisis y reflexión en materia de comunicación masiva, sociedad civil y ejercicio político.

Por ello, desde sus primeros aportes como articulista y columnista en Excelsior, El Universal, la revista Siempre, y luego con su “Plaza Pública” abordó como tema recurrente el análisis de los medios en relación con la política y con la sociedad. Por eso no le resultaron ajenas vertientes tales como el derecho a la información, la democratización de los medios, la necesidad de contrarrestar los monopolios mediáticos, la libertad de expresión y la ética periodística.

En su trayectoria profesional destaca que Granados Chapa fue testigo y actor de los eventos que han transformado a la prensa y a los medios mexicanos en los últimos 40 años. Precisamente en el momento que él empieza a incorporarse al campo profesional, de manera paralela comienzan a perfilarse cambios y nuevos aires periodísticos: desde el Excelsior de Julio Scherer, hasta la creación de la revista Proceso, el Unomásuno y La Jornada, pasando por la recomposición de medios escritos generada a principios de los años ochenta y noventa, primero con El Financiero y luego con el diario Reforma. Su presencia y participación gravitaron en momentos relevantes para los medios informativos mexicanos.

Otra consideración digna de destacar fue su energía vital: escribía seis “Plazas Públicas” a la semana para Reforma y El Norte, así como las columnas “La calle” y “Diario de un espectador” en el diario Metro; publicaba “Interés Público” para la revista Proceso; conducía su “Plaza Pública” en Radio Universidad y participaba sin tregua en radio y Telefórmula en “Punto de encuentro” con Virgilio Caballero, John Ackerman y Ricardo Rocha. Todo ello sin descuidar los innumerables compromisos de conferencias, actos públicos, entrevistas en los medios. Y sin menguar, al mismo tiempo, un ápice en la calidad y el rigor de sus textos.

En medio de un escenario social y político caracterizado por la falta de sólidos referentes éticos e intelectuales que --de manera sostenida, congruente y sistemática-- tiendan a fortalecer el entramado democrático desde los medios de comunicación, el quehacer, el pensamiento y la obra de Miguel Ángel Granados Chapa constituyen un estímulo y un signo de esperanza que la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa aspira a desplegar desde la academia hacia el entorno social y mediático a través de esta cátedra. Impulsar y darle vida y cuerpo a este proyecto es brindarle nuestro reconocimiento no sólo a este brillante periodista sino fundamentalmente estimular a los jóvenes universitarios y a los profesionales del periodismo mexicano en activo: significa ofrecerles alicientes en medio de una lucha contra el desaliento y el conformismo que apaga el ánimo frente al avasallamiento de los poderosos. Un mensaje de esa profundidad y trascendencia lo dejó inscrito el propio columnista en su última “Plaza Pública”, publicada en el diario Reforma unas horas antes de su muerte:

Casi nadie (...) entre los mexicanos todos, puede negar la terrible situación en que nos hallamos envueltos: la inequidad social, la pobreza, la incontenible violencia criminal, la corrupción que tantos beneficiarios genera, la lenidad recíproca, unos peores que otros, la desesperanza social. Todos esos factores, y otros que omito involuntariamente pero que actúan en conjunto, forman un cambalache como esa masa maloliente a la que cantó Enrique Santos Discépolo en la Argentina de 1945.

Con todo, pudo cantarle. Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias, y otras formas de hacer que renazca la vida permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete.

Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós.